La gimnasia rítmica hace que te reconozcas hermosa al pisar un tapiz. Hace de la gimnasta una mujer tan elegante como una modelo de alta costura y tan pícara como una barra de labios. La gimnasia hace que te enamores de la música y crea poesía, la gimnasta es poderosa con un aparato y creativa con una coreografía. Cuando se juzga a una deportista no se ve todo su recorrido, no se ven todos esos entrenamientos, sus lesiones, el tiempo que echó currando (que muchos dicen perdido), ni los cabreos que la hicieron chillar de pura fatiga. Cuando la ves vibrar de ira con una deliciosa música épica no la conoces. Tampoco ves las lágrimas que derramó al aceptarse ciertas cosas, que no era la mejor, que debía esforzarse más que las demás, que tendría que sacrificar cosas que no quería perder… La historia del deporte, la música o la literatura se hace con personas excepcionales que hicieron de su primer amor, el primero que les tocó el corazón, un trabajo. Y alguien que a pesar de las derrotas, una tras otra, nunca lo deja marchar merece todo el respeto que le podamos dar. Incluso la última clasificada de un mundial pone sus miedos, su pasado y su futuro en ese deporte, y merece ser respetada tanto como las demás. “Cuando veo un desafío corro hacia él, la única manera de vencer al miedo es reventándolo con mis pies”. Esto lo dijo un Beethoven cualquiera, Nadia Comanenci en concreto, alguien que logró que viéramos arte en su cuerpo.

Unos comienzan desde pequeños en el deporte, los llevan sus padres, o siguen a sus hermanos o amigos por algo que ven o escuchan. Otros, más mayores, quieren verse mejorados. Y esto lo dijo Simone de Beauvoir “cuanto menos me reconozco en mi propio cuerpo más obligado me siento a ocuparme de él” El último grupo de deportistas del que se tiene constancia son los ciclistas, las basketeras, los asiduos al gimnasio que rondan los 30 o los 40. Está bien, está muy bien eso de hacer deporte o retomarlo, para sentirte mejor, contigo o con la váscula, o como una válvula de escape o un trabajo. También está muy bien eso de matarte a correr y luego hartarte a Foskitos, cada uno decide con qué marca de bollería industrial se mata. Lo que no está bien es que nos vendan el deporte para obtener el canon, el deporte como medio para adelgazar, para alcanzar un fin, “la belleza”

Empecé este artículo hablando del ejercicio desde el corazón y he acaba hablando de él como una estrategia estética, hoy día los separa una línea demasiado fina. He hablaba del amor al arte y al artista, para mí hay deportes que deben ser descritos de una forma romántica y cautivadora. También he hablaba del respeto a ti mismo, amor propio y hacia los demás, pues hay 6 millones de personas que han leído hoy esto en la revista ELLE:

“-Hay que luchar por no volverse dependientes del placer que genera comer, esto tiene su reflejo en la báscula.

-Adelgaza notablemente en 7 minutos con estos ejercicios.”

Si en 7 minutos puedes adelgazar notablemente no sé como la TeleTienda sigue en antena, o Intereconomía por eso de que te adelgaza el neocórtex (inteligencia). Además, tan fina no es la línea entre la ansiedad y el deleite de tus papilas gustativas. El peso, la talla, la edad…son números, no Satanás. Los seres humanos nos movemos por impulsos y también nos mueve el temor a no ser diferente, a encajar, a seguir la pauta para hacerlo; y por eso me dan realmente miedo estos titulares.

El deporte también usa a la cúpula mediática como propaganda nacional y política. Ya se han escuchado comentarios frívolos como: “Quitadles sus derechos, no les importará, prohibid el fútbol y preparaos para la Tercera Guerra Mundial”,  “¡Qué españoles nos sentimos todos cuando juega la Selección!” o “Los deportes importantes son a los que asisten los Reyes”. Hasta tal punto se ha llegado que en un debate de rítmica nunca falta el apuntador diciendo “Esto no es un deporte minoritario, es un deporte silenciado” Y tiene algo de razón, todo lo que no sale en los medios, no existe. Se dice que a los medios de comunicación le llegan el 10% de las noticias, de esto se publica el 10%, de este 10% el lector solo se queda con el 10%, por tanto nos llega el 0’001%. Debatiendo sobre periodismo y deporte hemos escuchado mucho  eso de “periodismo ético y objetivo”. Sí, “el periodismo ético es una exigencia del ciudadano” pero también es la responsabilidad de quienes usan, o abusan, de la libertad de expresión. Hay periódicos que hacen un circo mediático de una anécdota extrafutbolística, con lo cara que está la libertad en demasiados países, mientras se sopla sobre las alas de Twitter. ¡A ver si su aleteo provoca un huracán de concienciación en alguna parte al otro lado del globo! Ponemos hashtags por una causa que tiene 15 minutos de importancia, como diría Warhol. Y día tras día seguimos encontrándonos revistas que incitan a ver el deporte como un sacrificio que merece la pena si quieres… ¿qué? ¿Encajar? Si lo haces querrá decir que te quieres, pero hazlo solo como hobby. Para tomárselo en serio ya están Jordan y Bird, así que ni lo intentes porque fracasarás, y para disfrutar de él ya están la televisión.

¿Esto es así o hay término medio? ¿Es posible que alguien corra por correr, no por ser runner, solo para soltar adrenalina y sin competir?

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